Corrección de textos

Todas las personas que empiezan sus andanzas en el medio de la escritura saben que hay profesionales, los correctores, que se encargan de hacer las modificaciones necesarias para que el texto quede lo mejor posible.

Pero hay mucha confusión en cuanto al tipo de servicios que se ofrecen y se oyen comentarios como:

«¿Por qué voy a necesitar un corrector de estilo si es precisamente mi estilo lo que me identifica?».
«No me hace falta, ya le pasé el corrector del Word».
«¿Y si cambian cosas que yo no quiero cambiar?».

Bueno, vamos a empezar por unos conceptos básicos.

Antes que nada tenemos que diferenciar entre una corrección ortotipográfica, una corrección de estilo y una reescritura.

La corrección ortotipográfica se enfoca en los errores ortográficos, tipográficos y de puntuación. En este tipo de corrección no debería haber lugar a duda, porque basta con echar un vistazo a entidades como la RAE, y cuando hay criterios que no están sujetos a normativa, el corrector se asegura de unificarlos.

Por otro lado, cuando el texto ya ha sido maquetado, debe estar atento a viudas y huérfanas, repetición de sílabas, errores en los márgenes, palabras mal partidas, etc.

Este tipo de corrección es imprescindible para que un texto se considere correcto y pueda ser publicado o enviado a concurso.

La corrección de estilo no es imprescindible, pero sí es recomendable. Aquí se van a detectar errores de léxico, gramaticales, inconsistencias sintácticas, muletillas, palabras usadas con demasiada frecuencia o que se repiten en una misma frase o en un párrafo corto, coherencia, verosimilitud…

El estilo se refiere a aspectos técnicos, pero nunca se toca el estilo personal de quien lo ha escrito.

Y por último está la reescritura. Mucha gente piensa que este es el resultado final de una corrección, pero no hay nada más lejos de la realidad. De hecho esta es una tarea que hacen otros profesionales: los redactores. Aunque algunos redactores también hacemos correcciones, no es lo mismo. Una reescritura se lleva a cabo cuando el archivo original tiene problemas graves de estructura y de redacción. Es cuando el texto necesita cambios significativos para su comprensión, o para poder ser aptos para enviarse a concursos o editoriales.
Normalmente los autores se enteran de que necesitan este tipo de servicio cuando lo sugiere un editor que rechaza el trabajo o cuando se menciona en un informe de lectura. Es un trago difícil de pasar, pero una vez que se deja a un lado el ego y se acepta que es necesaria la ayuda, se contrata a un redactor o a un tutor (el redactor directamente hace el trabajo de reescritura y el tutor orienta al escritor para que sea él mismo quien pueda reescribirlo).

Como veis, este servicio es muy distinto al de corrección, y de hecho hay veces que son los propios correctores quienes rechazan el trabajo y sugieren una tutoría o una reescritura.

Trabajo de más que no nos piden:

Algunos correctores se ciñen a los aspectos contratados en cada tipo de corrección, aunque la mayoría de las personas que conozco que se dedican a esto trabajan de forma similar a la mía, dando un poquito de más. Personalmente, cuando alguien me pide una corrección ortotipográfica, en muchas ocasiones no puedo evitar hacer sugerencias relacionadas con la corrección de estilo. Por ejemplo, yo siempre incluyo correcciones gramaticales y de léxico en una corrección básica, y las inconsistencias sintácticas tampoco puedo dejar que se pasen.

Una reescritura jamás me atrevería a hacerla si no me la han pedido (otra cosa es que pueda sugerir que sea necesaria).

«Ya lo pasé por el Word»

Como veréis, pasar el texto por el Word no es suficiente. Para empezar, os recomiendo que si usáis ese corrector no lo hagáis de forma automática, porque a veces cambia cosas que no debería cambiar. Por otro lado, hay cositas básicas que no se detectan con ese sistema, como por ejemplo algunas tildes o los homónimos, los dobles espacios, el uso adecuado de comillas o cursivas, algunas mayúsculas, etc. Una corrección profesional requiere de una lectura atenta.

«¿Y si cambian cosas que no quiero cambiar?»

Y finalmente, en respuesta a ese miedo atroz a que se cambien cosas sin aprobación o que se modifique la esencia del autor, tened en cuenta que se usan métodos como el control de cambios para que se puedan revisar las correcciones antes de aceptarlas o rechazarlas.

La corrección debe ser un filtro imperceptible, por lo que debe procurar mantener en todo momento la forma particular en la que está escrito el texto, modificando únicamente lo que puede considerarse erróneo y haciendo sugerencias que puedan llevar a una mejor comprensión o a una lectura más fluida.

Publicado por Tu tiempo es oro

Soy la asistente virtual de «Tu tiempo es oro» encargada de la creación de páginas web en Wordpress.

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